Nuestra forma de movernos da cuenta de nuestra posición subjetiva en el mundo.

Como sujetos nos construimos en el vínculo con los otros significativos, siendo esas primeras relaciones fundantes en la estructuración del psiquismo y la personalidad; así como matriz de la forma de percibirnos, conectarnos con nosotros y de interactuar con los demás, en y con el mundo.

Partiendo de este fundamento y de la interrelación existente entre pensamiento, emoción y acción-movimiento, es que la Danza Movimiento Terapia postula que en el encuentro empático y kinestésico con el terapeuta, dentro de un encuadre de respeto y confianza, es posible que el consultante reconozca sus patrones de movimiento y los amplíe en función de su integración psicofísica, pudiendo este cambio corporal producir cambios internos: perceptivos, cognitivos y emocionales, brindándole la oportunidad de desarrollar nuevas formas de autopercibirse, relacionarse y estar en el mundo.

La Danza Movimiento Terapia trabaja con un dispositivo teórico clínico que permite operar donde las palabras no son suficientes vía de expresión y encuentro, por ello el terapeuta propone experiencias intersubjetivas puestas en juego en el cuerpo, focalizándose “en la vivencia del movimiento sentido y los sentidos del movimiento” (Fischman, D.,2008), dando relevancia a la experiencia habitada corporalmente.

Donde hay vida hay movimiento

Esta disciplina es para todos, porque donde hay vida hay movimiento, por lo tanto no hay límite de edad, no es requisito saber bailar, ni tener experiencia previa. Los seres humanos danzamos desde que habitamos la tierra, regidos por la necesidad y motivados por el deseo, atravesados por el lenguaje y la cultura, nos movemos y danzamos tanto individualmente como en comunidad.

La Danza Movimiento Terapia como recurso terapéutico puede aplicarse al trabajo individual como grupal. En ambos casos desarrolla propuestas de trabajo específicas y adaptadas a las características de cada población, grupo etario y ámbito de realización, ya que puede emplearse en centros educativos, terapéuticos, asistenciales y laborales, tanto públicos como privados.

Se utiliza no sólo ante situaciones de conflicto intrapsíquico y sufrimiento; sino también para mejorar la calidad de vida de las personas mediante la vivencia enraizada en el propio cuerpo.

La mejor forma de conocer esta herramienta es a través de la experiencia, 

entre sus beneficios podemos mencionar:

Estimula el autoconocimiento, el registro del propio cuerpo, de las sensaciones y emociones; así como la consciencia del patrón de movimiento de cada uno.

Fomenta la simbolización de la vivencia y la palabra “enlazada”.

Ayuda a reconocer y gestionar las emociones.

Favorece a la autorregulación y por ende el manejo del estrés.

Fomenta un (re) descubrimiento de nuestra corporalidad.

Amplía nuestros patrones de movimiento.

Promueve el contacto con otros y ayuda a la socialización.

Estimula la creatividad, el juego y el contacto con el placer.

Mercedes Cazón Gómez

Lic. en Psicología